Dolor, al ver en un vuelo un artículo del periódico sobre la guerra de Rumanía, y pensar en el desamparo de tantos niños.
Amor, al decidir una familia española adoptar a uno de esos niños.
Dolor, al asumir que no puede ser rumano. La vorágine de la guerra no lo permite.
Amor, al decidir finalmente que será un niño africano con color chocolate en la piel, el color de los angelitos de Machín.
Dolor, al verle llorar en mis brazos la primera noche que dormía fuera de su casucha, de su hogar.
Amor, al abrir la puerta de nuestra casa para ver -y no olvidar nunca- la reacción de Kike que le decía: "Hola Tutu yo soy tu hermano esta es nuestra habitación esta es tu cama mira la tarta que te hemos comprado estos son globos"
DOLOR, al ver que con 18 años Jaime (Tutu) es inmaduro como un niño de 6; que con 18 años vive al borde del abismo; que con 18 años, vive una realidad producto de su fantasía; que con 18 años, Jaime ha sufrido profundo dolor como para intentar dañar irreversiblemente sus venas.
AMOR yDOLOR de madre por querer cuidar, mimar, dar a su hijo la vida que no le dió cuando nació, y no acertar con la manera de hacerlo.
domingo, 2 de mayo de 2010
miércoles, 3 de marzo de 2010
Una palabra que empiece por "d"
Delicia
Fue mi vecino. Entonces, ya me llamaba la atención. LLevaba vaqueros y chupa de cuero. Eso le hacía interesante.
Una noche, salí con él y una amiga común. En una pequeña sala, un concierto de rock de una pequeña banda. Yo me fijaba cómo la hablaba a ella al oído, la susurraba. Las manos de él balanceaban su pequeña cintura al ritmo de la balada rockera, al mismo ritmo que él balanceaba su cuerpo bajo unos vaqueros y una camisa bonita. ¡Qué delicia verlos! ¡Quién fuera ella!.
Un día, estuvimos los tres en "la casita". Me regaló y plantó un pequeño rosal y varias hierbas aromáticas. Cada otoño los he podado, cada primavera han florecido. ¡Qué delicia verlos crecer!. Todavía forman parte de mi jardín, pero él ya no la susurra al oído, ni balancea su cintura.
Ayer me regaló y plantó un árbol pequeño.
Compartimos la luz del día,
una botella de Jerez,
la luz del atardecer,
las ilusiones de Diane Lane en "Bajo el cielo de la Toscana",
la luz de la luna al anochecer y...
¡Qué delicia! decía yo, cuando enredaba sus dedos en mi pelo y acariciaba mi cabeza,
cuando sus labios besaban los míos con pasión.
¡"Qué delicia"!, decía yo, cuando nuestras pieles se acariciaban infinitamente en el tiempo y en el espacio,
cuando me pidió un "capricho": que le acariciara con delicadeza la espalda.
¡Qué delicia! cuando después de las horas, nuestro cuerpos, nuestras pieles, nuestras palabras, querían seguir estando juntos.
¡Qué delicia! cuando hoy he despertado y, con el recuerdo de ayer, mi piel se ha vuelto a estremecer.
Fue mi vecino. Entonces, ya me llamaba la atención. LLevaba vaqueros y chupa de cuero. Eso le hacía interesante.
Una noche, salí con él y una amiga común. En una pequeña sala, un concierto de rock de una pequeña banda. Yo me fijaba cómo la hablaba a ella al oído, la susurraba. Las manos de él balanceaban su pequeña cintura al ritmo de la balada rockera, al mismo ritmo que él balanceaba su cuerpo bajo unos vaqueros y una camisa bonita. ¡Qué delicia verlos! ¡Quién fuera ella!.
Un día, estuvimos los tres en "la casita". Me regaló y plantó un pequeño rosal y varias hierbas aromáticas. Cada otoño los he podado, cada primavera han florecido. ¡Qué delicia verlos crecer!. Todavía forman parte de mi jardín, pero él ya no la susurra al oído, ni balancea su cintura.
Ayer me regaló y plantó un árbol pequeño.
Compartimos la luz del día,
una botella de Jerez,
la luz del atardecer,
las ilusiones de Diane Lane en "Bajo el cielo de la Toscana",
la luz de la luna al anochecer y...
¡Qué delicia! decía yo, cuando enredaba sus dedos en mi pelo y acariciaba mi cabeza,
cuando sus labios besaban los míos con pasión.
¡"Qué delicia"!, decía yo, cuando nuestras pieles se acariciaban infinitamente en el tiempo y en el espacio,
cuando me pidió un "capricho": que le acariciara con delicadeza la espalda.
¡Qué delicia! cuando después de las horas, nuestro cuerpos, nuestras pieles, nuestras palabras, querían seguir estando juntos.
¡Qué delicia! cuando hoy he despertado y, con el recuerdo de ayer, mi piel se ha vuelto a estremecer.
domingo, 21 de febrero de 2010
Mi infancia
De mi infancia quisiera poder contar lo que no recuerdo que existiera. Quisiera contar sensación de cariño, de familia apiñada en el pequeño salón comedor de casa, de contacto físico, de achuchones, de sentirme arropada....de cariño y respeto por la abuela. La pobre abuela Carmen.
No recuerdo a la abuela sentada en el salón con nosotros. Vivía en la cocina. Comía en la cocina y después se retiraba a su/nuestra habitación. !Qué sola debía sentirse! !qué desgraciada fue su vida! y yo no he sido consciente hasta ahora, casi. Y ya es demasiado tarde. Murió hace...¿25 años?.
¡Qué pena no poder tenerla cerca ahora y cuidarla, y escucharla, y respetarla como toda mujer merece.
Y ahora, aunque de distinta manera...la historia se repite.
No recuerdo a la abuela sentada en el salón con nosotros. Vivía en la cocina. Comía en la cocina y después se retiraba a su/nuestra habitación. !Qué sola debía sentirse! !qué desgraciada fue su vida! y yo no he sido consciente hasta ahora, casi. Y ya es demasiado tarde. Murió hace...¿25 años?.
¡Qué pena no poder tenerla cerca ahora y cuidarla, y escucharla, y respetarla como toda mujer merece.
Y ahora, aunque de distinta manera...la historia se repite.
domingo, 7 de febrero de 2010
Vídeo de Isabel Allende
Desde que pensé, hace unos días en el nombre de mi blog, algo parecido a "me falta mucho por amar"rondaba por mi cabeza para expresar mi sentimiento hacia la vida que tengo por delante. Es verdad que le he dado algunas vueltas hasta cuadrar, casi perfectamente, las palabras, y que el orden y significado de estas, transmitieran exactamente lo que siento.
Siento que, en este momento de mi vida me falta mucho por amar. Y eso que creo que durante de mi niñez, mi juventud y mi madurez he amado mucho. Pero los últimos años, y en especial este último, mi corazón se abre más y más. Le llegan borbotones de agua fresca de río, que es clara y refrescante, de otros corazones que estamos descubriendo juntos. Un pequeño grupo de amigos, cada uno con su personalidad, que me contagian de su vida, que me dan de su vida.
También amo con todas mis fuerzas, y me reconforta como nada, a mi hijo mayor. Me serena y me alimenta su compañía y nuestras conversaciones. Me ilusiona y emocina soñar con la relación que tendré con él cuando ya sea independiente, adulto. Cuando ame y cuide a su mujer, como una mujer debe ser siempre amada y cuidada. Cuando tenga hijos y sean mis nietos. Amo como nada su crecimiento en edad, y deseo que vaya acompañado de su crecimiento como persona.
También amo como a nada el sueño de lo que fue mi hijo pequeño. El recuerdo de la ilusión de haberle adoptado para hacer de él otro hijo, para quererle con la intensidad que produce conocer sus carencias. Espero volver a sentir el amor no confundido, como el que siento ahora.
Pero además de todo esto, siento, percibo en el aire más amores que están por llegar. Además de la corriente de agua fresca para los de ahora, espero, deseo y buscaré otros nuevos amores. Tal vez sea el maravilloso amor de una pareja, tal vez el de un comapñero o compañera de una nueva faceta o de un taller, tal vez el de alguien que simplemente pasa por la calle y te ama con su amabilidad en ese instante.
Hoy he visto el maravilloso vídeo de la ......con motivo de...de Isabel Allende. Ella, gran mujer y gran escritora, me ha recordado cómo es el mundo más allá de mi ombligo. Ella me ha puesto la miel en los labios de los nuevos amores que me están esperando, o que debo ir a buscar. !Qué torpeza la mía olvidar la maravillosa riqueza que tiene este mundo! y la terrible pobreza, -no sólo económica- que lo contamina.
Se me había olvidado que estoy en este mundo para amar.
Siento que, en este momento de mi vida me falta mucho por amar. Y eso que creo que durante de mi niñez, mi juventud y mi madurez he amado mucho. Pero los últimos años, y en especial este último, mi corazón se abre más y más. Le llegan borbotones de agua fresca de río, que es clara y refrescante, de otros corazones que estamos descubriendo juntos. Un pequeño grupo de amigos, cada uno con su personalidad, que me contagian de su vida, que me dan de su vida.
También amo con todas mis fuerzas, y me reconforta como nada, a mi hijo mayor. Me serena y me alimenta su compañía y nuestras conversaciones. Me ilusiona y emocina soñar con la relación que tendré con él cuando ya sea independiente, adulto. Cuando ame y cuide a su mujer, como una mujer debe ser siempre amada y cuidada. Cuando tenga hijos y sean mis nietos. Amo como nada su crecimiento en edad, y deseo que vaya acompañado de su crecimiento como persona.
También amo como a nada el sueño de lo que fue mi hijo pequeño. El recuerdo de la ilusión de haberle adoptado para hacer de él otro hijo, para quererle con la intensidad que produce conocer sus carencias. Espero volver a sentir el amor no confundido, como el que siento ahora.
Pero además de todo esto, siento, percibo en el aire más amores que están por llegar. Además de la corriente de agua fresca para los de ahora, espero, deseo y buscaré otros nuevos amores. Tal vez sea el maravilloso amor de una pareja, tal vez el de un comapñero o compañera de una nueva faceta o de un taller, tal vez el de alguien que simplemente pasa por la calle y te ama con su amabilidad en ese instante.
Hoy he visto el maravilloso vídeo de la ......con motivo de...de Isabel Allende. Ella, gran mujer y gran escritora, me ha recordado cómo es el mundo más allá de mi ombligo. Ella me ha puesto la miel en los labios de los nuevos amores que me están esperando, o que debo ir a buscar. !Qué torpeza la mía olvidar la maravillosa riqueza que tiene este mundo! y la terrible pobreza, -no sólo económica- que lo contamina.
Se me había olvidado que estoy en este mundo para amar.
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